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COLOMBIA
“Hay que cerrar el ciclo del dolor”
Paolo Moiola
01/05/2017
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Entrevista con Mons. Luis Augusto Castro Quiroga, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia

Cuatro años tardaron las negociaciones en La Habana entre representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano. El 24 de agosto del 2016 se firmó el Acuerdo de Paz que pondría fin a más de medio siglo de conflicto armado, pero los resultados del referendo del 2 de octubre, en el que la ciudadanía rechazó lo acordado, pusieron a la paz en peligro. El 24 de noviembre se firmó un nuevo acuerdo que fue refrendado el 1 de diciembre por el Congreso. A partir de entonces se inició el proceso de desmovilización de la guerrilla y se prevé que la entrega de armas concluya el 1 de junio de este año.

Paolo Moiola, colaborador de Noticias Aliadas, conversó con Mons. Luis Augusto Castro Quiroga, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y mediador en las largas negociaciones entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC, sobre el postconflicto, la reconciliación y la necesidad de perdón de las víctimas para superar el sentimiento de odio y de venganza, para así forjarse un futuro diferente.

Usted habla constantemente de “pedagogía de la paz”. ¿Qué quiere decir?
Se trata de hacer comprender a Colombia el significado de este proceso. Sobre todo el postconflicto. Yo me he dado una tarea: diseñar una imagen que la gente sencilla comprenda. El postconflicto es como construir una casa nueva. ¿Cuál es la novedad de las diversas habitaciones? Que cada una tiene algo que antes no existía. Por ejemplo, la habitación de la política. Esta necesita el elemento de la inclusión, un elemento siempre ausente en estos años. Todos los que fueron excluidos de la política tomaron las armas contra el Estado.

Tomemos la economía. En Colombia ella da ventajas sólo a un grupo muy pequeño de colombianos. Es una economía en que falta el elemento de la solidaridad. Tras la firma de la paz, tenemos que inventarnos una economía solidaria, como siempre lo ha pedido la Iglesia. Y así para todos los demás sectores: la educación, la cultura.

Sin embargo, una casa sin cemento se cae. Hay tres tipos de cemento. El ético, que por supuesto tiene que ver con la honestidad. Como en cualquier parte del mundo, la corrupción es un elemento muy perjudicial. Daña profundamente la vida de todos los colombianos. Por eso es necesario un cemento ético. En segundo lugar, es necesario un cemento espiritual. Es el perdón y la reconciliación. Por último, está el cemento cultural. Es necesario tener una cultura de vida, de derechos, de relaciones humanas. El elemento cultural es muy importante para construir esta nueva sociedad.

Bueno, esta es la pedagogía que puede entrar fácilmente en la cabeza de cualquier persona, porque todos sabemos cómo se construye una casa. En mi opinión, esta imagen ayuda a entender el futuro de Colombia en términos de la paz.

¿La implementación del Acuerdo ya empezó?
Comenzó el 1 de diciembre del 2016. Se inició con la definición de las áreas donde se concentrará la guerrilla en las diversas etapas del proceso. La primera fase es la del desarme. Luego, la formación para integrarse positivamente en la sociedad. La formación también desde el punto de vista laboral, aprender elementos que sirvan para abrirse las puertas en el mundo del trabajo. En general, la implementación de un acuerdo es más difícil que su aprobación.

Las causas económicas y sociales que, en 1964, llevaron a la guerra todavía están presentes: concentración de la tierra en pocas manos, desigualdades, falta de atención en salud y educación pública. ¿No cree que sin una solución concreta a estas problemáticas, la paz nunca podrá hacerse efectiva?
La primera causa de la rebelión de las FARC contra el Estado fue su exclusión de la política. No fue por la pobreza ni por otros motivos. El hecho es que, estando excluidos de la política, no podían trabajar en otros aspectos de la vida. Hoy el objetivo es integrarse en la política.

Dicho esto, el acuerdo de paz no es tanto sobre elementos políticos, que se dan por sentados, como sobre todos los demás aspectos de la vida colombiana. En primer lugar, el aspecto de la tierra, una tierra superconcentrada en pocas manos que no son ciertamente las de los pobres. Y luego el problema agrícola. Todo ha sido estudiado en el acuerdo de paz que ha sido aprobado. Una cosa es decidirlo, otra muy distinta llevarlo a la práctica. Para ello se requieren enormes cantidades de dinero. Afortunadamente, muchos países han comenzado a ayudar.

Hemos visto que el número de víctimas es impresionante. ¿Qué le puede decir a una persona que ha perdido un familiar o a un refugiado?
A estas personas se les puede decir dos cosas. En primer lugar, tienen la posibilidad de presentar una demanda contra el Estado por los daños y las consecuencias sufridas porque la guerra era contra el Estado. Esto está en los acuerdos de paz.

En segundo lugar, en el Tribunal para la Paz cada guerrillero está obligado a decir lo que sabe en términos de desapariciones, muertes, secuestros. Si quiere tener reducción de la pena, debe decir todo lo que sabe. Al igual que ocurrió en Sudáfrica, donde la comisión de reconciliación decía: “Si dice la verdad, lo favoreceremos. En caso contrario, la justicia caerá sobre usted con todo el peso de la ley”.

Las víctimas, muchas víctimas, pueden obtener respuestas en términos de la verdad, que es lo que piden: “¿Qué le pasó a mi hijo?, ¿qué le pasó a mi marido?, ¿dónde está el cadáver? Si lo mataron, que podamos al menos hacer el funeral”. Todo esto es para cerrar el ciclo del dolor. Si no se cierra, se deja todo en la incertidumbre para seguir sufriendo tremendamente.

Por lo tanto, de un lado tendrá lugar la actuación del Tribunal para la Paz [órgano judicial], y del otro la Comisión de la Verdad [órgano extrajudicial].

Por último, hay que invitar a las víctimas a hacer un acto de valor: perdonar para ya no ser víctimas, porque el futuro que se merecen no debe ser esto. No ser una triste víctima, sino una persona que se ha hecho un proyecto de vida, un futuro diferente. Una persona que, con la ayuda de Dios, reconquista la tranquilidad y la serenidad que se merece.

¿Por qué cree que las víctimas deben perdonar?
En Colombia, las víctimas comprobadas oficialmente son 8 millones. Sin embargo, por cada una de ellas hay al menos dos más: un hijo con mamá y papá, un padre con pareja e hijos. Si por cada víctima hay otros dos implicados, llegamos a la cifra de 24 millones de víctimas. Esto significa el 50% de la población.

Si no dan su perdón, nunca dejarán de ser víctimas. No existe la víctima feliz. Una víctima siempre será infeliz. Por esto es importante pasar de la condición de víctima a la de sobreviviente: “Con la ayuda de Dios he sido capaz de superar el odio y el sentimiento de venganza y construirme un futuro diferente”. Esta es la esperanza para cada víctima. Por eso se insiste en el perdón. Y en la reconciliación.

Por lo tanto, podemos resumir todo en tres palabras: verdad, justicia, perdón. ¿Es así?
Sí, es correcto. Las tres son palabras importantes. Verdad para las víctimas. Justicia porque la guerrilla debe responder por lo que hizo. Y perdón que es la motivación interna de una persona para ser nuevamente feliz. —Noticias Aliadas.


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Mons. Luis Augusto Castro Quiroga / Paolo Moiola
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