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AMÉRICA LATINA
Gobiernos deben impulsar la partería
Louisa Reynolds*
07/11/2017
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Parteras tradicionales ayudan a reducir la mortalidad materna en algunos de los países más pobres de la región.

Cuando era niña, Francisca Córdoba Camacho, de 54 años, observaba con fascinación y curiosidad mientras su abuela, una partera tradicional afrocolombiana del occidental departamento del Chocó, ayudaba a mujeres que iban a dar a luz. “Yo le decía: ‘Abuela, quiero ser partera’, y ella me decía: ‘Todavía tienes que crecer’”, cuenta a Noticias Aliadas, con una amplia sonrisa.

Una vez que creció, cumplió su sueño de convertirse en partera y hasta el momento ha atendido los partos de 7,424 bebés, cuyas fechas de nacimiento ella registra cuidadosamente en un cuaderno, junto con el nombre de la madre.

Antes de recibir un bebé, Córdoba Camacho, conocida cariñosamente como Pacha Pasmo en las comunidades donde trabaja, reza por la salud de la madre y del bebé y trata de aliviar los temores de la mujer.

“Le digo a la mamá que es algo que va a doler pero que descansa después. Le traigo agüita o jugo para que esté bien hidratada. Luego, en la noche, le doy bebidas de hierbas que ayudan con la expulsión del bebé”, dice.

Durante la conversación, ella muestra un puñado de “venturosa”, una de las hierbas usadas por lo general para preparar bebidas para las mujeres que están a punto de dar a luz, que ha recogió al lado del camino en su ruta hacia Quibdó, capital de Chocó. El olor que emiten la hojas trituradas  es similar al de la menta.

“Recientemente, atendí a una mujer en San Juan. La vi muy decaída y débil. Como en las capacitaciones nos enseñan maniobras, dije: ‘acostémosla’ y le enderecé el piecito [al bebé]. Busqué el otro piecito y lo saqué igual. Le levanté los pies para que lo expulsara”, explica.

“Se coloca la mano así y se hunde para que salga. Hay que ir ayudando para que [el bebé] consiga el canal vaginal”, dice, indicando con gestos cada maniobra.

Las mujeres que optan por los partos en sus casas con parteras tradicionales pueden elegir dar a luz en cuclillas o paradas —las mujeres indígenas por lo general prefieren en cuclillas, mientras que la afrocolombianas eligen acostarse— rodeadas por sus familiares.

“En casa si quieren gritar, gritan y si quieren llorar, lloran. Para que se relajen pongo merengue, vallenato, lo que me pidan”, dice Córdoba Camacho.

Violencia al acecho
Por años, grupos guerrilleros y paramilitares se enfrentaban para controlar Chocó, una ruta de importancia estratégica para el tráfico de drogas, armas y contrabando. Como resultado, actualmente es la región más pobre de Colombia y tiene el número más alto de personas desplazadas internamente.

La firma del cese de fuego bilateral entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en setiembre pasado ha tenido un impacto mínimo en la región del Chocó, donde grupos paramilitares han avanzado para llenar el vacío dejado por la guerrilla y continuar aterrorizando a las comunidades rurales al rodear los pueblos y evitar que los civiles los abandonen, una forma de asedio conocida como “confinamiento”.

Córdoba Camacho viaja con frecuencia a zonas rurales remotas donde los pobladores tendrían que trasladarse a través de la selva por al menos siete horas para llegar al puesto de salud más cercano, y ayudar a las mujeres, ya sean civiles o combatientes, que no tienen acceso a servicios de salud.

“En las comunidades indígenas no hay médicos científicos y el medicamento que llega es poco pero cuando se presenta un parto ahí están las parteras”, señala Diana Leivy Rojas, asesora del consejo comunitario de Alto Baudó, a Noticias Aliadas.

Según un estudio cualitativo llevado a cabo por la organización no gubernamental colombiana Sinergias, las parteras tradicionales como Córdoba Camacho asisten el 30% de los nacimientos en las empobrecidas zonas rurales y urbanas en Quibdó.

En un esfuerzo por reconocer el valor de una profesión transmitida por generaciones, en octubre del 2016, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural incluyó a las parteras tradicionales en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial.

“La partería es un conocimiento ancestral que se mantiene activo y vigente”, indica Alberto Escovar Wilson White, director de Patrimonio del Ministerio de Cultura. “Hay que asegurar su preservación”.

Para Córdoba Camacho, este es un paso en la dirección correcta pero sostiene que el Ministerio de Salud debería mejorar los programas de capacitación y pagar a las parteras tradicionales el sueldo mínimo. Córdoba Camacho cobra entre US$15 y $40 por sus servicios, que casi no cubre los costos de transporte, pero en la mayoría de los casos las mujeres a las que asiste son tan pobres que acepta en pago un pollo o un manojo de plátanos.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran una reducción en la tasa de mortalidad infantil en América Latina, de 54 a 19 por cada 1,000 nacidos vivos, así como en la tasa de mortalidad materna de 135 a 67 por cada 1,000 nacidos vivos de 1990 al 2015.

A mejor capacitación, menos muertes
Si la región quiere continuar en este camino de reducir significativamente las tasas de mortalidad infantil y materna, debe invertir en la capacitación y educación de las parteras, manifiesta el informe “Estado de la Partería en el Mundo 2014”, del Fondo de Población de las Naciones Unidas. El informe presenta el plan Partería 2030 para desarrollar una fuerza laboral de partería en los 73 países descritos.

México, donde alrededor de 60% de los nacimientos en los dos estados más pobres del país —Chiapas y Oaxaca— son atendidos por parteras tradicionales con muy poca o ninguna capacitación profesional, está entre los países latinoamericanos que se están esforzando por mejorar las oportunidades educativas para sus parteras.

En 1981 se estableció la primera escuela de partería acreditada por el gobierno mexicano en la ciudad de San Miguel de Allende, y en el 2002, el Departamento de Medicina Tradicional y Desarrollo Intercultural de la Secretaría de Salud lanzó el Modelo Integral de Partería dirigido a brindar atención culturalmente apropiada a las mujeres indígenas.

Bolivia, donde la más de la mitad de la población indígena y muchas mujeres campesinas consideran a las parteras como familiares, refiriéndose a ellas con frecuencia como “tías”, el Ministerio de Salud está haciendo esfuerzos por reducir las tasas de mortalidad materna (el tercer país como las tasas más altas después de Haití y Guyana, según la OMS), al capacitar a 500 parteras.

En Guatemala, donde el 40% de la población es indígena según estimaciones oficiales, las 22,500 parteras tradicionales mayas desarrollan una lucha cuesta arriba por reconocimiento. En febrero pasado, el Congreso aprobó una ley que garantizaba a las parteras una remuneración anual de $400 y declaró el 19 de mayo como el Día Nacional de las Parteras, pero fue vetada por el presidente Jimmy Morales, quien considera que el Ministerio de Salud, crónicamente desfinanciado, carece de recursos para pagar una remuneración a las parteras. —Noticias Aliadas

*Con aportes de Alejandra Douat, quien colaboró como fixer. International Women’s Media Foundation apoyó a Louisa Reynolds con su cobertura desde Colombia como parte de la iniciativa Adelante.
https://www.iwmf.org/programs/adelante-es/


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Francisca Córdoba Camacho, partera colombiana del occidental departamento de Chocó. / Alejandra Douat
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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