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AMÉRICA LATINA / EL CARIBE
Acuerdo de París sobre cambio climático: ¿Y ahora qué?
Noticias Aliadas
25/05/2016
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El 22 de abril, 177 países firmaron el convenio que reemplazará el Protocolo de Kioto que sólo entrará en vigor con la ratificación de 55 países.

En diciembre del 2015, los representantes de 196 países adoptaron por consenso los principios del Acuerdo de París —negociados en la 21ª Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP21) llevada a cabo en París—, destinado a reemplazar el Protocolo de Kioto, cuyos objetivos expiraban en el 2012 y fueron extendidos hasta el 2020.

Cuatro meses más tarde, y conmemorando el Día de la Tierra, el 22 de abril, 177 países lo firmaron y 15 de ellos lo ratificaron ese mismo día, incluyendo Barbados, Belice, Granada, San Cristóbal y Nieves y Santa Lucía. El proceso de ratificación será “clave”, indicó Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), ya que para que entre en vigor y sea vinculante, el acuerdo debe ser ratificado por 55 países firmantes que representen no menos del 55% de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Los principales puntos del acuerdo, que se revisarán cada cinco años, incluyen mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de los 2ºC con respecto a los niveles preindustriales y continuar con los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5ºC; es jurídicamente vinculante para los países que lo hayan firmado y ratificado; y establece la entrega por parte de los países desarrollados de US$100 millardos anuales a los países en desarrollo para mitigación y adaptación al cambio climático.

Todos los países de América Latina y el Caribe, a excepción de Nicaragua y Ecuador, han firmado el acuerdo, comprometiéndose a respetar las pautas establecidas en el mismo. Estos dos países consideraron que el acuerdo era deficiente en aspectos como las ayudas a los países en desarrollo.

“No es ético ni congruente invocar los derechos humanos en el acuerdo y, a la vez, pedir a los países en desarrollo renunciar a sus derechos legales, incluyendo el derecho a compensación por daños y el derecho de litigar responsabilidades jurídicas”, señaló el ministro-secretario privado de Políticas Nacionales de Nicaragua, Paul Oquist.

Rio-París, vía Kioto
En junio de 1992, se llevó a cabo en Rio de Janeiro, Brasil, la segunda Cumbre de la Tierra —la primera se realizó en Estocolmo, Suecia, en 1972—, al término de la cual se elaboró la CMNUCC que establecía en líneas sumamente generales los objetivos en materia de estabilización de concentraciones de GEI en la atmósfera terrestre.

A partir de 1995 se llevarían a cabo, cada año, las COP (Conferencias de las Partes), cuya finalidad sería la de verificar la aplicación de los objetivos de la CMNUCC. En 1997, se desarrolló en Kioto, Japón, la tercera COP, al término de la cual se redactó el mundialmente conocido Protocolo de Kioto en el que se acordaba que se reduciría en al menos 5% las emisiones contaminantes entre el 2008 y el 2012, tomando como referencia los niveles de 1990.

Su entrada en vigor, por los largos procesos de ratificación, no se dio sino hasta el 2005. Aunque EEUU lo firmó inicialmente, no lo ratificó y finalmente se retiró del Protocolo en el 2001, bajo la presidencia de George W. Bush (2001-2009).

El acuerdo de Paris tuvo su antecedente en la COP20, realizada en Lima, Perú, del 1 al 12 de diciembre del 2014, con la aprobación del “Llamado de Lima para la Acción Climática” que establecía los elementos del nuevo acuerdo que reemplazaría al Protocolo de Kioto en la COP21, llevada a cabo del 30 de noviembre al 15 de diciembre del 2015.

Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, señaló que el Acuerdo de París era “la última oportunidad para dar a las futuras generaciones un mundo que sea más estable, un planeta más sano, sociedades más justas y economías más prósperas”.

Entre la adhesión y la crítica
El ministro de Ambiente ecuatoriano, Daniel Ortega Pacheco, había señalado durante la COP21, que “de nada sirve este esfuerzo colectivo, sin que sea un acuerdo que comprometa y obligue a todas las partes, incluso a aquellas que siendo altamente contaminadoras no ratificaron o abandonaron instrumentos previos”, en clara alusión a EEUU.

En efecto, el Acuerdo de París, si bien establece los objetivos concretos por alcanzar, “no asegura la implementación [del mismo], que cae necesariamente en el ámbito de políticos, empresarios, científicos, ingenieros y la sociedad civil”, como sostuvo Jeffrey Sachs, director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, EEUU.

A estas críticas se suma la de GRAIN (Genetic Resources Action International) —organización sin fines de lucro que apoya a campesinos y movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente—, que cuestiona la presencia de empresas petroleras y del carbón en “las reuniones donde se deciden las políticas relacionadas con el cambio climático. Sus ganancias dependen de que todo siga igual y harán todo lo que esté a su alcance para socavar cualquier acción significativa”.

Así las cosas, entre procesos de ratificación por venir y críticas a los procesos, la firma del Acuerdo de París abre la puerta a una gran incertidumbre sobre el futuro del  planeta. —Noticias Aliadas.


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