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COLOMBIA
Las FARC se alistan a dejar lucha armada
Sandra López
20/07/2016
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Gobierno promueve realización de plebiscito que permitirá formalizar, legitimar y vincular a la normatividad lo que se pacte en La Habana.

El pasado 5 de julio el jefe máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño anunció que había ordenado suspender los cobros de extorsiones y el reclutamiento de hombres y mujeres para integrar las filas de este grupo guerrillero. Con ello se dio un paso más hacia la firma de un definitivo acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno de Colombia.

Dos semanas antes, Londoño —conocido como Timoleón Jiménez o Timochenko— y el presidente Juan Manuel Santos firmaron el pacto para preparar el fin del conflicto armado, que incluye el cese al fuego bilateral y definitivo, dejación de armas por parte de la guerrilla, garantías de seguridad y el mecanismo de refrendación de los acuerdos de paz.

La posibilidad del fin de la guerra trasladó inmediatamente la expectativa a los preparativos para el desmontaje de 52 años de enfrentamiento armado, así como la implementación de los acuerdos y lo que será la Colombia del posconflicto.

Las FARC se están preparando para abandonar la violencia, la lucha armada y la financiación a través de actividades criminales. Asimismo, alistan su reinserción a la vida civil y una posible participación en la política nacional. Para el gobierno del presidente Santos la situación no es sencilla. Al desgaste que ocasiona sostener medio siglo de guerra, se le suman los desastres que dejan, sobre todo en la zona rural del país, el abandono estatal y la corrupción.

El gobierno viene dando, desde hace unos meses, los primeros pasos para la implementación de los acuerdos sobre participación política, solución al problema de drogas ilícitas, reparación a las víctimas y políticas de desarrollo agrario.

“Este es un momento de oportunidad histórica para que el gobierno aborde y reoriente sus esfuerzos y políticas para resolver los problemas reales que por años se han acumulado y crecido en el país, como la pobreza, desigualdad, los bajos niveles de educación, la pésima cobertura en salud, la corrupción, el atraso en la infraestructura”, dice a Noticias Aliadas el politólogo colombiano Daniel Waked.
 
El plebiscito
Y si bien hay muchas tareas por realizar, la que está presente en el pensamiento inmediato de los colombianos es el plebiscito, prometido por el presidente Santos y que ha logrado canalizar, más que ningún otro proyecto, la fuerte polarización que originan los diálogos de paz.

Pese a que juristas, la oposición y hasta las propias FARC intentaron evitar su convocatoria, el plebiscito fue avalado por la Corte Constitucional como el mecanismo para formalizar, legitimar y vincular a la normatividad los acuerdos finales de La Habana.

Por unanimidad, la Corte aprobó el 18 de julio el umbral del 13% del censo electoral para que el plebiscito sea válido, es decir que 4.4 millones de colombianos deberán votar SI en unas elecciones que no son obligatorias. Asimismo, permite la participación de los servidores públicos en las campañas por el SI o el NO y determina que el resultado de la votación sea vinculante (de obligatorio cumplimiento) para el presidente, pero no para los otros poderes públicos.

Paralelamente, las campañas a favor y en contra del plebiscito ya arrancaron. El principal partido opositor a los acuerdos, el Centro Democrático encabezado por el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), se declaró en lo que llaman “resistencia civil” e inició por todo el país la recolección de firmas para respaldar acciones ante organismos internacionales en busca de evitar que los acuerdos alcanzados por el gobierno y las FARC tengan vigencia.

Santos ha pedido a ministros, gobernadores, alcaldes y autoridades en general que trabajen activamente en torno al plebiscito. Asimismo, en cada intervención pública, el mandatario no desiste de afirmar que con la paz el país crecerá económicamente por encima del 3%, se incrementará el producto interno bruto entre 1% y 2% y habrá beneficios en generación de empleo, incremento del turismo e inversión extranjera, productividad para el campo y seguridad ciudadana.

Conversaciones con ELN
Otro tema que causa incertidumbre es qué pasará con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Considerada la segunda guerrilla en importancia del país, este grupo inició en abril del 2014 conversaciones exploratorias en busca de desarrollar un proceso de paz similar al de las FARC. Sin embargo, su negativa a dejar de secuestrar y entregar a las personas que mantiene cautivas, ha originado el estancamiento en estos avances.

Además, el asesinato en las últimas semanas de al menos ocho miembros de la Policía y las Fuerzas Militares, así como el recrudecimiento de sus atentados y acciones armadas permite ver lejana la posibilidad de que el ELN entregue las armas.

En abril pasado, luego que el gobierno y las FARC pactaron las reglas para el cese al fuego, el ELN pidió al presidente Santos silenciar también las armas con su grupo. En su cuenta de Twitter escribieron que: “La demora del proceso con el ELN, el desfase de tiempo entre los dos procesos, ha sido un manejo del gobierno. No nuestro”. Añadieron que “el propósito del gobierno es dividir a las insurgencias, y a la vez aislar y presionar al ELN con lo que se va pactando en La Habana”.

“Que el ELN siga en armas [luego de la firma de paz con las FARC] no significará que continúe la guerra tal como la que se libra con las FARC”, señala Waked. “Ellos [el ELN] son poco más de 1,700 combatientes que no conforman un ejército con peso militar. Lo que puede suceder es que después de desmovilizadas las FARC, [el ELN] se convierta en la prioridad de las autoridades y logren neutralizarlo”.

Mientras tanto, la expectativa sigue latente. La encuesta de la empresa Gallup de principios de julio revela que un 60% de los colombianos cree que el acuerdo de paz se firmará este año, frente a un 37% que opina lo contrario. La gran encuesta Colombia Opina de la firma Ipsos, realizada también en las mismas fechas, determina que el 84% de los encuestados está de acuerdo con que la paz sea sometida a una refrendación popular. Asimismo, revela que el 49% considera que este es un acuerdo con el que gana el país, pero el 35% cree que los que ganan son las FARC.

Los preparativos para el postconflicto también marchan. En un avance para aplicar uno de los ejes del punto de drogas ilícitas, unos 500 campesinos de 10 veredas del municipio de Briceño, en el noroccidental departamento de Antioquia, se comprometieron a principios de julio a erradicar los cultivos de coca e iniciar la sustitución de estos cultivos. En mayo, en este mismo municipio se inició el desminado en el que participan miembros de las FARC.

La periodista María Jimena Duzán, en su columna en la revista Semana, resalta de una visita a un campo de las FARC que “las guerrilleradas han tenido alientos para arreglar sus caletas [escondites], les han puesto maticas [plantas] y corotos [utensilios domésticos], como si supieran que el tiempo de salir corriendo al ruido de un avión se ha terminado”. —Noticias Aliadas.


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Puesta en marcha del esfuerzo conjunto de gobierno y FARC para la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito en Antioquia. / Oficina del Alto Comisionado para la Paz
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