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“Es importante tener representantes afrodescendientes, pero estos deben encarnar nuestras agendas”
Noticias Aliadas
16/09/2016
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Entrevista con activista afrodescendiente Mónica Carrillo

Mónica Carrillo creció admirando a personajes como Martin Luther King y Nelson Mandela gracias a su padre, un profesor de escuela en Chincha, al sur de Lima, quien le inculcó conciencia política desde que era pequeña. Con esta influencia, en el 2001 a los 20 años, fundó el Centro de Estudio y Promoción Afroperuano LUNDU dedicado a luchar por los derechos de los afrodescendientes en el Perú. Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima y luego realizó una especialización en Derecho Internacional en la Universidad de Oxford (Reino Unido). Actualmente vive en Nueva York, EEUU, donde trabaja en proyectos a favor de la comunidad afrolatina, y estudia una maestría sobre performance, arte y medios interactivos.

En conversación con Víctor Liza, colaborador de Noticias Aliadas, la investigadora y artista analizó la situación de la población afrodescendiente en el Perú, en América Latina y el mundo, saludó los avances y puso en la mira los temas pendientes.

¿Cuáles son las principales demandas actualmente de la población afroperuana?
Podemos hablar de tres aspectos. El primero es el de la violencia de género. Es importante tener información diferenciada por raza, y saber cuántas mujeres afrodescendientes viven violencia de género. El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables ha incluido una variable racial en la atención de este tema, pero lo ideal sería que se considere en otros espacios como las comisarías, fiscalías y las Defensorías Municipales del Niño, Niña y Adolescente (Demuna), este último espacio donde muchas mujeres denuncian. Otro aspecto que en LUNDU hemos trabajado es que los insultos racistas sean sancionados. La ley contra la discriminación no es suficiente, y no existe una sanción moral o punitiva para que quede un precedente. Un tercer punto sería que se reconozca que el insulto racista es un agravante de violencia de género. En LUNDU recogimos información de que muchas mujeres son insultadas racistamente además de sufrir violencia física, y ello implica que su vulnerabilidad sea agravada.

El 14 de julio pasado se aprobó el Plan Nacional de Desarrollo para la Población Afroperuana 2016-2020. ¿Cuál es su mirada sobre este plan?
Hay avances en cuanto a que el Ministerio de Educación ahora publica materiales sobre historia afroperuana y apoya con becas a estudiantes afroperuanos, pero se necesita más firmeza con respecto al bullying racista en los colegios, que son el primer espacio de socialización. Eso marca a todas las personas por el resto de su vida, y configura su relación con el mundo. Por eso deberían establecerse sanciones contra los colegios que permiten esto y no apliquen medidas correctivas. La ley contra el bullying [aprobada en el 2011] surge a partir del suicidio de niños, y creo que dos de ellos eran de origen andino. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido que hay enfermedades asociadas con el contexto en el que los afrodescendientes fueron trasladados a América, como la anemia 2, diabetes tipo 2, hipertensión. Allí tenemos los casos de muertes como las de los artistas afroperuanos Rafael Santa Cruz, Pepe Vásquez, Arturo “Zambo” Cavero, Lucha Reyes que justo han fallecido por estas enfermedades. Por ello, el Ministerio de Salud ha incluido una variable étnica para identificar la raza de usuarios en una ficha que se llena cuando se acude a un servicio público, pero no se aplican las preguntas de manera efectiva porque los funcionarios de salud no están capacitados para hacerlas, además que las consideran una carga laboral.

En el censo del 2017 se realizará una pregunta sobre la autoidentificación, referida al tema de la etnia, como se hizo en el censo argentino del 2005. ¿Cuán importante es la autoidentificación como afrodescendiente en un país como el Perú?
El haber llegado a esto es parte de un trabajo de años. A nivel de América Latina, se inicia con un grupo en el 2002 que busca introducir la variable racial en las rondas censales. En el Perú es un avance importante, porque desde 1940 no estamos en los censos. Sin embargo, aún está pendiente que los afrodescendientes puedan saber la importancia de reconocerse. Esto apunta a que todos los sistemas de salud y educación tengan información sobre los afrodescendientes.

¿Cómo observas la situación de la población afrodescendiente en América Latina? ¿Hay avances o retrocesos?
Espacios como la Comunidad Andina son importantes. Existen mecanismos para que los países que la integran armonicen sus leyes. Hay que potenciar el Parlamento Andino, para que los gobiernos puedan legislar en función de estándares y protocolos comunes en beneficio de los afrodescendientes. Existe el Convenio Andrés Bello con el que se pueden armonizar protocolos de salud. Eso sería valioso para nuestra legislación, a fin de que dé un salto cualitativo y cuantitativo.

¿Y a nivel mundial?
Naciones Unidas ha iniciado el año pasado el “Decenio Internacional para los Afrodescendientes” con el objetivo de vigilar la mejora de la calidad de vida no sólo de los descendientes de la diáspora hacia América por esclavitud, sino a otros afrodescendientes que viven en otros continentes e incluso a los mismos africanos. En ese contexto, en EEUU es difícil que un afrolatino pueda insertarse en dinámicas de afroestadounidenses, porque somos vistos sólo como “latinos”. Allí hay que reforzar el concepto de la diáspora africana, pero teniendo el derecho a establecer nuestras identidades regionales. Yo vengo de la Región Andina y tengo una herencia diferente a la de los afrocaribeños, pero podemos encontrar puntos en común y dialogar de manera más fluida. Otro tema es que con la experiencia del año 2010, en el que lideré un proceso con LUNDU contra el canal Latina por el caso del personaje del “Negro Mama” [estereotipo que denigra a la población afroperuana], que al final ganamos y se le impuso una multa, ahora en EEUU hacemos un trabajo sobre un Observatorio Afrolatino, para ver estas representaciones de estereotipos en América Latina.

Si bien es cierto tener un presidente afrodescendiente no es garantía de avances, como lo demuestra la presencia de Barack Obama en EEUU, ¿cuándo tendremos alguna autoridad o presidente afrodescendiente en el Perú?
Es importante tener representantes afrodescendientes, pero estos deben encarnar nuestras agendas. No por ser afrodescendiente es implícito que uno esté exento de ser un criminal o responder a agendas violadoras de los derechos humanos. En el Perú, muchos afrodescendientes llegan a espacios como el Congreso gracias a su desempeño deportivo o artístico, lo cual puede ser valioso, pero cuando han estado allí no han conectado sus agendas con las demandas y necesidades de los afrodescendientes. Otro tema es el asunto de las oportunidades. Uno no tiene que ir a la universidad para ser político, pero en este contexto de competencia y estándares más altos, si uno no tuvo acceso a la educación superior es un limitante. Según cifras del Ministerio de Cultura, hasta hace una década sólo un 2% de afrodescendientes tenía estudios superiores. Ahora puede haber mejorado, pero todavía hay una brecha alta. —Noticias Aliadas.


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Mónica Carrillo/ LUNDU
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